19.6.07

LA GLFF VISTA POR SU GRAN MAESTRA

Por Marie-Françoise Blanchet . Hoy ExGran Maestra de la Gran Logia Femenina de Francia

Una francmasona de la Gran Logia Femenina de Francia desea manifestar una doble aspiración: tanto por la espiritualidad de iniciada como por la responsabilidad de ciudadana. Búsqueda simbólica y proyecto humanista son los dos componentes indisociables de una iniciativa que pretende “continuar fuera la obra empezada en el templo” y que es más que nunca, en este sentido, de actualidad.

Igualmente, son también indisociables la dimensión individual y la dimensión colectiva. Sólo el conocimiento personal, el “conócete a ti mismo” socrático, permite encontrar su verdadero lugar en la sociedad y asumir totalmente su papel frente a los otros. Para reavivar la fuente, la introspección, la reflexión colectiva, el intercambio, la confrontación de ideas, el desarrollo de las solidaridades, la logia masónica es el lugar en donde se puede conjugar todo ello a la vez.

La francmasonería pretende, al mismo tiempo, enraizarse en la tradición y ser vector de progreso. Un proverbio dice que “si no se sabe de dónde se viene, no puede saberse a dónde se va” y es por ello que para nosotras es primordial la transmisión. La de nuestra historia, de nuestras herramientas simbólicas, de nuestros valores.

En efecto, creemos que para ser parte integrante de nuestra sociedad y realizar plenamente nuestro cometido, especialmente como mujeres, es necesario conocer el sentido de nuestra herencia, apropiárselo para poder, eventualmente, reinterrogarlo pasándolo por el tamiz de la modernidad.

Pese a que vivimos una época en la que la amnesia colectiva y el culto de lo instantáneo parecen a menudo prevalecer, la historia de la francmasonería, las circunstancias de su resurgimiento, sus valores e ideales fundadores, los combates que ha llevado, son valiosos puntos de referencia.

La francmasonería se ha afianzado, primeramente, en una profunda mutación de las ideas y en un nuevo orden del mundo –el del “Renacimiento”- al mismo tiempo que la relatividad comenzaba a impregnar la percepción del universo antes de ser científicamente formulada.

Leibniz, Locke, y, sobre todo, Newton, han marcado fuertemente el pensamiento de los primeros Masones, con un acceso global de los campos de estudio hasta entonces cerrados; las ciencias, la filosofía, incluso la organización de la sociedad. Cultivar lo complementario y las sinergias, aspirar a hacer retroceder los límites del conocimiento, tender a lo universal es, hoy como ayer, el fundamento del proyecto masónico.

Pero más que una sociedad sabia, la francmasonería es el fruto de una esperanza y de una apuesta: la esperanza de liberarse de dogmas y de buscar una solución a las guerras y a las peleas religiosas que desgarraban entonces los países; la generosa apuesta de los fundadores, que la francmasonería, por su ideal humanista y universalista sabría sobrepasar estas fracturas y realizar “la concordia universal” y el “centro de la unión”.

Es necesario insistir sobre el carácter progresista, incluso subversivo para la época de los fundamentos masónicos del rechazo de los dogmas, de la libertad de examen, del reconocimiento de la alteridad, de la tolerancia mutua, de la emancipación de las conciencias.

Igualmente, es obligado constatar que su validez ha atravesado los siglos y que son hoy como entonces de una extraordinaria actualidad.

¿Debemos decir, por desgracia?. Pues hoy, como ayer, amenazan los extremismos.

Asistimos a un resurgimiento del dogmatismo, incluso de los fanatismos y de la barbarie.

La sociedad se ha hecho permeable a una serie de interferencias de valores en los que todas las ideas son equivalentes y en donde la tolerancia serviría únicamente para evitar la confrontación. Las libertades que se creían definitivamente adquiridas son puestas de nuevo en tela de juicio. Las injusticias perduran. Los derechos fundamentales son pisoteados. También la laicidad es atacada y con ella el pacto republicano en su totalidad.

Nosotras que, como francmasonas, reclamamos un simbolismo de construcción que tiene por ideal la mejora de la humanidad, tenemos una responsabilidad particular en el rechazo del odio, así como de la búsqueda permanente del diálogo, en la práctica de la solidaridad, en la identificación de una sociedad de paz y progreso.

Nosotras que tenemos la suerte de vivir en un país en donde la libertad de conciencia es un derecho intangible y que sabemos cómo la laicidad es el máximo garante, lo hemos inscrito en la Constitución de la Gran Logia Femenina de Francia, al mismo nivel que los valores fundadores.

Así cuando hemos sido oídas por la Comisión Stasi sobre la laicidad y por la Comisión Debré sobre la presencia de signos religiosos en la escuela, hemos afirmado, muy claramente, que la laicidad –y la neutralidad que impone en el espacio público- lejos de restringir la libertad de los individuos, era la protección más segura contra toda clase de presiones y que nosotras no transigiríamos en la necesidad legislativa para hacerla respectar.

Nosotras, cuya acción se inscribe en el seno de una búsqueda de valores espirituales y morales y que somos los eslabones de una cadena de iniciadas, tenemos un deber de vigilancia contra los ataques a la dignidad de la persona humana y, en primer lugar, de los más débiles y de los más despojados.

Y puesto que es necesario constatar que son las mujeres las que son las primeras en estar amenazadas y las que sufren más duramente las discriminaciones, las opresiones y todas las formas de violencia, nosotras, francmasonas de la Gran Logia Femenina de Francia, debemos plenamente asumir nuestro compromiso y obrar con determinación para que se respeten sus derechos, se garanticen su seguridad, su integridad y su libertad.

En ello va nuestra esperanza de una humanidad más solidaria y más ilustrada. En ello va nuestra capacidad de transmitir y de permitir a todas las mujeres que sean iniciadas. En ello va nuestro honor de francmasonas.

Nuestros valores

Como lo declara el artículo 1 de la Constitución, el objetivo que persigue la Gran Logia Femenina de Francia es "la búsqueda constante y sin límite de la verdad y de la justicia en el respeto de los demás con el fin de contribuir al perfeccionamiento de la humanidad".

Es a la vez:

• Una escuela de vida que se apoya en los valores de libertad, de tolerancia, de respeto a los demás y a la persona misma. Apoyándose en su reflexión filosófica humanista pretende superar las discrepancias y rechazar las medidas de exclusión para ser "el centro de la unión".

• Una alianza universal fundada en la solidaridad, en la reunión de mujeres que optaron libremente por objetivos comunes, que trabajan y progresan juntas.

• Una orden iniciática, a la que se adhiere con plena libertad. En su búsqueda espiritual, la Francmasonería rechaza los dogmas, respeta las creencias sin exigir ninguna.

Es el arte de construirse para mejorar la construcción de la sociedad.

Trabajar en las logias para llevar al exterior sus ideas y sus valores, pensar el mundo, para poder construirlo con más eficacia, nutrirse de la herencia del pasado para ser los arquitectos del porvenir, éste es el ideal de las Francmasonas de la Gran Logia Femenina de Francia.

Este ideal se mantiene gracias al compromiso de cada francmasona para participar activamente en su logia a dicho trabajo de construcción y defender fuera, con más eficacia, un ideal de dignidad humana, de justicia, de democracia.

Fiel a los principios fundadores de la Francmasonería Universal, la Gran Logia Femenina de Francia respeta formalmente las leyes del país. Ha hecho suya la divisa de la República francesa, "Libertad, Igualdad, Fraternidad".

La transmisión

¿ Qué hemos recibido que sea tan valioso como para obligarnos a transmitirlo?La Francmasonería llamada especulativa se organizó, desde principios del siglo XXVIII, con y alrededor de personas de varias orígenes que buscaban un espacio de libertad para expresar su búsqueda de tolerancia recíproca y de unión.

De los masones y de las masonas que nos precedieron,

Hemos recibido este método que se revela gradualmente: cuando los conocimientos del grado anterior han sido asimilados, se puede incorporar a esta base conocimientos complementarios. El trabajo no se acaba nunca, cada situación nos lleva a la necesidad de estudiar, comprender, rectificar con humildad, pero con dignidad;

Hemos recibido las herramientas necesarias: los símbolos y el ritual. El eje del método es el desarrollo del pensamiento simbólico, verdadera herramienta de evolución. Se revela en el ámbito individual, íntimo, y se afirma gracias a la confrontación fraterna y colectiva de la logia.

Porque todo… ocurre en logia, donde todo está ordenado, orientado, separado, diferenciado. El ritual da ritmo y orden a todas las cosas, sitúa a cada una, constituye un espacio de aprendizaje de los vínculos entre sí mismo y sí mismo, entre sí mismo y los demás, entre sí mismo y el mundo.

Es la vivencia, día tras día, de la búsqueda permanente en el interior de las logias que permite la relación de la francmasona consigo misma, con el grupo, y luego con la sociedad. El camino de la iniciación masónica constituye una búsqueda de sentido, un deseo de progreso, de entendimiento, para actuar más allá de las opiniones partidarias, de las barreras sociales, de los tópicos reductores.

Nuestro método masónico se inspira en todo esto para que podamos encaminarnos hacia el ideal que nos hemos impuesto libremente: el perfeccionamiento espiritual, moral y material de la humanidad.